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Cocina de 0 a 100

Coles de Bruselas con glaseado balsámico

Si las coles te parecen amargas, el problema nunca fue la col: fue el agua hirviendo. Con calor seco cambian de bando.

Coles de Bruselas con glaseado balsámico
Preparación
10 min
Cocción
14 min
Porciones
2
Nivel
Cero
20 Dificultad

Ingredientes

  • 2 tazas de coles de Bruselas, partidas por la mitad
  • 1 cda de aceite de oliva
  • Sal y pimienta negra recién molida
  • 1 cda de reducción de vinagre balsámico, para el final
  • Freidora de aire Ninja Pro 4 en 1

Los ingredientes subrayados llevan al equipo que uso.

Preparación

  1. Retira las hojas exteriores feas y parte cada col por la mitad. Si alguna es mucho más grande que el resto, pártela en cuatro: lo que importa es que todas tengan el mismo grosor.
  2. Mézclalas en un bol con el aceite, la sal y la pimienta hasta que queden brillantes por igual.
  3. Colócalas en la canasta en una sola capa y con la cara cortada hacia abajo. Las hojas que se hayan soltado van también: salen como chips.
  4. Programa 190 °C durante 12 a 15 minutos y agita la canasta a la mitad.
  5. Sácalas y rocía la reducción de balsámico de inmediato, con las coles todavía calientes. El calor residual la espesa sobre la verdura.

La col de Bruselas arrastra la peor fama de la verdura, y es una fama heredada de un método, no del ingrediente. Hervida suelta compuestos de azufre que es exactamente ese olor y ese amargor que recuerdas, y encima sale gris y blanda porque en agua no puede dorarse.

Con calor seco pasa lo contrario: los azúcares de la superficie se caramelizan, las hojas exteriores se tuestan y el amargor queda tapado por el dulzor del tostado. Es la misma verdura y sabe a otra cosa.

La cara cortada, hacia abajo

Al partirlas por la mitad dejas una superficie plana y húmeda que es donde mejor agarra el dorado. Colócalas con esa cara contra la canasta: es la única parte que toca metal caliente y la que te va a dar el contraste entre el exterior tostado y el interior tierno.

Si te salen coles muy desiguales de tamaño, parte las grandes en cuatro. Una col enorme junto a una pequeña significa que una queda cruda o la otra quemada, no hay término medio.

Las hojas sueltas no son un error

Al cortarlas se desprenden hojas exteriores. En el horno se queman; aquí, con el ventilador, salen como chips finísimos y son lo primero que desaparece del plato. Déjalas. Si alguna se pone muy oscura, retírala y ya está.

El balsámico va al final, y no es un capricho

Una reducción de balsámico lleva mucho azúcar. A 190 °C ese azúcar no se carameliza, se quema, y pasa de dulce a amargo en cuestión de minutos. Metido antes te arruina la receta entera; rociado en caliente al salir, el calor residual lo espesa sobre la col sin quemarlo.